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Mostrando entradas de agosto, 2021

La habitación de Blanca

Hace dos años, cuando Blanca llegó a la habitación 23, el vidrio de la ventana que daba al patio interior no estaba roto. Sin embargo, por las juntas de esa abertura se metía el viento en las noches de invierno. No era un lugar donde se sintiera a resguardo de los peligros ni donde pudiera dormir sin sobresaltarse durante la noche, pero al menos tenía techo y paredes que le permitían frenar las ráfagas de temperaturas bajo cero y el aguacero de los meses de julio y agosto.  La habitación que eligió tenía una cama de dos plazas en el centro del espacio, cubierta por un acolchado tejido en color natural; a los pies, había dos sillones de un cuerpo tapizados en color manteca junto a una mesa de té redonda y un mueble de cuatro puertas que servía como espacio para guardar la ropa. Un escritorio de madera maciza y un televisor de 20 pulgadas completaban el mobiliario del lugar.  Las paredes, antaño, habían estado recubiertas por papel tapiz de color blanco con flores rosadas del ta...

90 años no es nada

Zuri duerme por primera vez en su casa, envuelta en una sábana limpia y una manta liviana, confortable y segura. Está rodeada de su familia y siente el amor que le da la bienvenida a este mundo, físico y terrenal tal como lo conocemos. Sonríe y todo está en paz. Desconoce la vida que le espera en la campiña vasca, una zona de altas montañas con cumbres nevadas en invierno y una secuencia de verdes praderas en verano. Pequeños pueblos rurales se esconden en sus valles, con caseríos de piedra y techos de tejas rojas, balcones floridos y macizas puertas de madera, que suelen albergar animales en la planta baja y personas en el primer piso.  Son viviendas humildes, sencillas, ocupadas por familias ricas en tradiciones, pues la falta de contacto frecuente con las grandes ciudades genera una suerte de aislamiento involuntario que permite evitar la contaminación de las costumbres y asegurar la conservación de las rutinas, como si el tiempo no hubiera pasado para sus pobladores en los últi...

Vuelve el futbol

En la antesala al regreso de los hinchas a los estadios de la Liga Profesional, la Secretaría de Deportes de la Nación aseguró este miércoles que habrá requisitos que los fanáticos deberán cumplir si tienen intención de ser parte del público que presenciará en vivo los espectáculos deportivos que inician este domingo.  Las disposiciones fueron determinadas en absoluto desacuerdo por los presidentes de las respectivas Comisiones Directivas de los Clubes, dado que no hubo manera de que se llegara a buen puerto con políticas comunes. Las mismas deberán ser publicadas en todas las sedes sociales, a la vista de los asociados y simpatizantes, para que después no se quejen de que no les avisaron.  Dentro de la infinita lista de requisitos que deberán cumplir los interesados en asistir a los eventos, es interesante mencionar algunos que resultan fundamentales para efectivizar la presencia y no quedarse en el camino de la burocracia nacional: Descargar de la web de la Asociación del Fú...

Irse por las ramas, quién?

  Otra vez me crucé con Marisol. La mitad de las veces que voy al cajero del Galicia me la encuentro, porque vive justo en el edificio que está pegado a la sucursal y el destino hace el resto. Nos saludamos con una sonrisa de compromiso: que cómo estás, que tanto tiempo, que cómo van tus cosas, qué no se puede creer lo grandes que están los chicos… Trivialidades y cada una sigue su camino.  La conozco desde hace como 40 años! Fuimos al mismo colegio, desde jardín de infantes hasta quinto año del secundario, pero en cursos diferentes. Ella era del D y yo, del B. No tengo recuerdos puntuales con ella porque teníamos grupos de amigas diferentes, pero sí tengo registro de compartir el recreo o algún acto escolar, hasta que en séptimo grado nos pidieron a todas las futuras egresadas que escribiéramos un discurso de despedida. La maestra de lengua eligió los dos mejores, uno de cada división, el de ella y el mío, y los llevó a Dirección para la decisión final. Eligieron el mío y esa...

Amistades inesperadas

  “Ni loca voy a tocarle el timbre, no somos amigas” le explicaba Matilde a su hija por teléfono, diez días después del anuncio del aislamiento general cuando Gabriela insistía para que tomara contacto con la vecina del departamento A. Le parecía prudente que se hicieran compañía mutuamente, en estos tiempos de soledad obligada.  “Ella tampoco sale a ningún lado mamá, ninguna va a contagiar a la otra. Además sus familiares también están lejos. Se dan un poco de charla al menos!” le decía Mariano a Betty, mientras ella tenía el inalámbrico en la oreja y regaba los malvones en la terraza del departamento C.  El último contacto entre ellas había sido hacía casi dos semanas, cuando Betty volvía de la verdulería y la encontró a Matilde baldeando la vereda del PH en el que habitaban. Se turnaban en la tarea, siempre los viernes, para que cuando llegaran las visitas algunos fines de semana, todo estuviera impecable. La responsabilidad se repartía entre ellas dos, porque el depar...

A confesión de partes...

En el pueblo se conocían todos, aún desde antes de nacer. Se sabían los parentescos, las amistades, los romances y las envidias silenciosas entre los moradores, un poco porque no eran tantos vecinos y otro poco porque la curiosidad era un motor difícil de manejar. Los padres acordaban los noviazgos de sus hijos, los puestos municipales se heredaban y no se registraban eventos violentos desde hacía décadas.  La cárcel siempre estaba vacía, como una muestra de la calidad moral de los habitantes de la zona. Una sola vez había albergado a un ladrón y el nivel de exposición y vergüenza generado por la condena social fue tan alto, que el pobre tipo no aguantó la tentación de terminar con su vida antes que el juez pudiera expedirse sobre la culpabilidad de los hechos que se le acusaban.  En esta aparente tranquilidad transcurrían los días en Villa Blanca, hasta que a Eduardo se le ocurrió la idea de matar a Isabel. La población enloqueció de pánico y asco, de terror y rechazo, de hor...

La carta

Margarita era una mujer aburrida. Lo sabía bien, siempre lo había sido.  Y ella, en silencio, se sentía un poco orgullosa de eso.  Nació en el hospital del pueblo, una tarde sofocante de verano, cuando todos dormían la siesta, a las 38 semanas exactas en un parto natural de 2 minutos. Nada memorable. Ni siquiera lloró.  En el colegio, se alejaba de sus compañeros lo más posible. Le parecían escandalosos, jocosos, gritones e innecesariamente gesticuladores. No apreciaban el silencio, como ella.  El peor momento de la jornada escolar era el recreo. Elegía quedarse sola en el aula sin hacer nada, mientras los demás jugaban en el patio a la rayuela o a las escondidas. La hora de música también le resultaba trágica: dos docenas de niños pequeños tratando de articular tambores, toc tocs, flautas y bombos en una sinfonía imposible. ¡Qué tortura! Odiaba la calesita, las hamacas, el tobogán y el arenero. Nunca aprendió a andar en bicicleta ni a remontar barriletes. No le gust...

Fin del viaje

"Besos y abrazos para todos" se lee en el reverso de la postal del puerto de Lisboa, donde el "Atlantis EuroStar" atracó en abril de 1988.  "Saludos a la familia, los extraño" reza el pie de la foto tomada frente al "Riviera Epic" recién ingresado en la zona portuaria de Punta Cana, en junio de 1987. "Espero verlos pronto, llevaré regalitos!" son las palabras escritas detrás de la imagen de enero de 1989, capturada en el atracadero de Sorrento, cuando el "Costa Cruceros" detuvo su marcha. Cientos de recuerdos de este tipo ocuparon el primer cajón de la cómoda del dormitorio, donde la tía Elvira guardó durante años los testimonios de viaje del tío Rafael, Lito para todo el mundo. Lito nació en Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Desde chico, la cercanía al mar ejerció su influencia y nunca dudó sobre su destino. A los 7 años, ya sabía que quería ser Capitán de Barco. Pero nada de esos barcos pesqueros donde la tripulación...

El contraste

Él es joven, debe tener entre 12 y 13 años y tiene toda la vida por delante.  Yo estoy a un paso de los 80 y el final del camino está a la vista. Él es el quinto de doce hermanos, todos castaños de ojos claros, hijos de un padre campesino y una madre dedicada a la crianza de los niños y las tareas del hogar. Usa bermudas con tiradores y camisas de lino liviano, heredadas de hermanos, tíos y primos mayores, remendadas y desgastadas, pero pulcras. Yo soy padre de tres, viudo desde hace 4 años, y abuelo de siete niñas. ¡Quién lo hubiera dicho! Llevo pantalón y saco de traje, camisa y corbata de primera marca, lustrados zapatos de cuero y gemelos en los puños. Él es pobre, demasiado pobre. Comparte con sus hermanos la olla de guisado que su madre prepara con los vegetales que recolectan en el campo y un trozo de carne de algún animal recientemente cazado. Se turnan para sentarse a la mesa, porque el espacio no es suficiente para todos. Tampoco alcanzan los platos, los cubiertos ni los ...

Doña Emilia

Después de treinta años de quietud, por primera vez en su vida, Paula estaba metiendo la llave en la cerradura de la puerta de entrada. Muchas veces cruzó esa puerta siendo niña, pero nunca había sido ella quien la abriera. Siempre tocaba timbre para que la dejaran pasar desde el interior, cuando llegaba de visita con sus padres. Algunas veces golpeaba la mirilla de vidrio verde para que la dejaran entrar a ocultarse, cuando escapaba de los demás niños en la lucha por ganar a las escondidas. Otras veces evitaba la puerta de entrada y se metía por el portón abierto del patio o por alguno de los balcones franceses que daban a los dormitorios, para buscar un vaso de jugo fresco en las tardes de verano que pasaba en la vereda con sus primos y los vecinos de las otras casas. Por primera vez tenía la llave en sus manos y sintió el peso de los años sobre sus hombros. Había pasado mucho tiempo y la casa se veía gris, fría, solitaria. No se parecía en nada a lo que recordaba. Sus paredes de pie...